¿Realmente nos casamos
porque lo deseamos o porque la sociedad nos lo impone?
Organizar una boda se
ha convertido en una obligación social de cara a la galería puesto que se trata
de un gran evento que se planea durante aproximadamente un año y tiene una duración
de apenas un día. Nos vestimos de príncipes y princesas, invertimos grandes cantidades
de dinero en montar una fiesta, comemos como bárbaros… Analicemos para qué.
Las personas nos
quejamos cuando nos invitan a un enlace matrimonial, es un compromiso del que
nos intentamos escapar porque, entre otras cosas, hemos de realizar un regalo
de elevada cuantía económica y suficientes gastos tenemos a diario como para
endeudarnos por asistir a varios casamientos, por lo menos así se proyectan en
España. Entonces, ¿por qué las personas siguen organizando bodas? ¿No es más cómodo,
sencillo y asequible que cada uno se vaya a un juzgado o a un templo religioso
y se prepare su ceremonia sin implicar a los demás?
Lo más atroz de todo
este asunto es cuando los novios se quejan de que algunos de sus invitados no
han cumplido con un valioso presente, ¿no se pueden poner en la piel de sus prójimos
que tienen que pagar un alquiler, hipoteca y resto de necesidades? ¿Es que los
demás debemos abastecerles simplemente porque han decidido, por su cuenta y
riesgo, realizar una ceremonia que no nos atañe al resto?
Un perfecto ejemplo de
boda sería la realizada por Marta Ortega, hija del dueño de Inditex, y Sergio
Álvarez ya que decidieron que no aceptarían ningún regalo por parte de sus allegados.
Ellos efectuaron una ceremonia para compartir su felicidad, no para hacer
negocio. Sabemos que el padre de la desposada, Amancio Ortega, es una de las
personas más ricas del mundo pero no es la excusa para convertirse en la
excepción. Una boda nunca debe celebrarse para hacer negocio, no nos podemos
aprovechar de otros para ganar dinero, a pesar de tratarse de una fórmula muy
extendida.
A todo esto hay que
añadir que organizar una boda se ha convertido en un asunto estresante para la
pareja, muchas ven afectada su salud física y emocional por desacuerdos con los
parientes y la familia política que les lleva incluso a romper la relación. Irónicamente, planear
un enlace debería ser uno de los eventos más importantes para los prometidos
pero se ha transformado en una de las situaciones que más separaciones está
creando. Muchas parejas se angustian y sienten presionadas, llegando a mantener
encontronazos y desacuerdos elevados.
Lo realmente
fundamental, cuando se trata de dos personas, es la convivencia y el vivir el
amor a diario, no delante de nuestra comunidad.
El matrimonio primitivo
era principalmente industrial y en la era moderna se convirtió en un asunto
social o comercial.
El amor es un concepto
nuevo referido al matrimonio pues en el siglo XIX se empezó a contemplar que
era importante estar enamorado de la persona con quien se iba a contraer
nupcias.
El aspecto de una boda
no es tan importante como el gran paso que se va a dar. Por lo tanto, casarse
no debería ser causa de ansiedad sino de alegría, pues se va a comenzar o continuar
junto a la persona amada.




