miércoles, 26 de septiembre de 2012

El negocio del "sí, quiero"


¿Realmente nos casamos porque lo deseamos o porque la sociedad nos lo impone?

Organizar una boda se ha convertido en una obligación social de cara a la galería puesto que se trata de un gran evento que se planea durante aproximadamente un año y tiene una duración de apenas un día. Nos vestimos de príncipes y princesas, invertimos grandes cantidades de dinero en montar una fiesta, comemos como bárbaros… Analicemos para qué.

Las personas nos quejamos cuando nos invitan a un enlace matrimonial, es un compromiso del que nos intentamos escapar porque, entre otras cosas, hemos de realizar un regalo de elevada cuantía económica y suficientes gastos tenemos a diario como para endeudarnos por asistir a varios casamientos, por lo menos así se proyectan en España. Entonces, ¿por qué las personas siguen organizando bodas? ¿No es más cómodo, sencillo y asequible que cada uno se vaya a un juzgado o a un templo religioso y se prepare su ceremonia sin implicar a los demás?


Lo más atroz de todo este asunto es cuando los novios se quejan de que algunos de sus invitados no han cumplido con un valioso presente, ¿no se pueden poner en la piel de sus prójimos que tienen que pagar un alquiler, hipoteca y resto de necesidades? ¿Es que los demás debemos abastecerles simplemente porque han decidido, por su cuenta y riesgo, realizar una ceremonia que no nos atañe al resto?

Un perfecto ejemplo de boda sería la realizada por Marta Ortega, hija del dueño de Inditex, y Sergio Álvarez ya que decidieron que no aceptarían ningún regalo por parte de sus allegados. Ellos efectuaron una ceremonia para compartir su felicidad, no para hacer negocio. Sabemos que el padre de la desposada, Amancio Ortega, es una de las personas más ricas del mundo pero no es la excusa para convertirse en la excepción. Una boda nunca debe celebrarse para hacer negocio, no nos podemos aprovechar de otros para ganar dinero, a pesar de tratarse de una fórmula muy extendida.

A todo esto hay que añadir que organizar una boda se ha convertido en un asunto estresante para la pareja, muchas ven afectada su salud física y emocional por desacuerdos con los parientes y la familia política que les lleva incluso a romper la relación. Irónicamente, planear un enlace debería ser uno de los eventos más importantes para los prometidos pero se ha transformado en una de las situaciones que más separaciones está creando. Muchas parejas se angustian y sienten presionadas, llegando a mantener encontronazos y desacuerdos elevados.


Lo realmente fundamental, cuando se trata de dos personas, es la convivencia y el vivir el amor a diario, no delante de nuestra comunidad.

El matrimonio primitivo era principalmente industrial y en la era moderna se convirtió en un asunto social o comercial.

El amor es un concepto nuevo referido al matrimonio pues en el siglo XIX se empezó a contemplar que era importante estar enamorado de la persona con quien se iba a contraer nupcias.

El aspecto de una boda no es tan importante como el gran paso que se va a dar. Por lo tanto, casarse no debería ser causa de ansiedad sino de alegría, pues se va a comenzar o continuar junto a la persona amada.


viernes, 21 de septiembre de 2012

¿Por qué cerramos los ojos a la verdad?


Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad

Nuestra sociedad está enganchada a un mundo ilusorio. Nos engañamos a nosotros mismos manifestando que evolucionamos pero este argumento es totalmente ficticio.

Desde el comienzo de la humanidad, el hombre apenas ha progresado. Seguimos siendo igual de vacíos, autodestructivos, crueles y ególatras y vivimos anclados en resolver nuestros problemas a través de la ciencia, la tecnología, la política o la jurisdicción pero de esta forma sólo procedemos de forma trivial y nunca conseguimos solventar nuestra realidad. Actuamos igual que un enfermo que ingiere un analgésico para calmar el dolor pero así nunca consigue sanar la enfermedad.

Y es que estamos enfermos, aferrados a una mentira y a un universo irreal del que no queremos despertar, de este modo nos perdemos vivir de verdad. ¡Cuántas veces nuestra mente se ancla a temas frívolos para evitar conectar con nuestro interior! Nos centramos en la apariencia y sólo estamos pendientes del pensamiento superficial de otros sin ocuparnos de nosotros mismos.

Dentro de 100 años nadie se acordará del pago que efectuamos a Hacienda, de la bronca que nos echó el jefe, de la camisa que nos ensuciamos, de la fiesta a la que no logramos asistir o del colegio donde no pudimos apuntar a nuestros hijos.

¿Por qué nos obsesionamos con la apariencia si sólo pasamos por este mundo un breve periodo de tiempo?


Lo peor de todo es que no queremos enfrentarnos a la verdad. Nos educan para ser civiles y galantes pero no sinceros, a no expresar nuestros sentimientos, a ser políticamente correctos aunque nos estemos muriendo por dentro. De esta forma, ¿cómo vamos a mantener relaciones sanas con los demás y con nosotros mismos?

No se trata de contar la verdad para dañar sino de relacionarnos entre nosotros de forma sana. Aunque vivamos en la más simple futilidad y pongamos buena cara cuando no nos apetece, tarde o temprano la verdad siempre sale a la luz. Entonces exclamamos que estamos desconcertados y confusos pero nuestro ser interior sabe que es falso porque desde el principio hemos cerrado los ojos a la realidad creyendo que de esta forma no existiría.

Mahatma Gandhi expresó: “¿Qué es la verdad? Pregunta difícil pero la he resuelto en lo que a mí concierne diciendo que es lo que te dice tu voz interior”.

Cuesta tanto conectar con el dolor interior que lo disfrazamos a través de nuestro ego. Nos gusta identificarnos con objetos y sensaciones externas de tal manera que seguimos siendo una sociedad involucionada aunque exteriormente parezca que hemos progresado enormemente. Únicamente podemos desarrollarnos cuando cambiamos nuestra conciencia. Los problemas nunca son reales pues su fuente se encuentra en nuestra psique.

Para alcanzar la paz interior y la felicidad sólo nos queda transformarnos internamente a través de una mutación de nuestra mente. La percepción de la verdad libera la conciencia de la ignorancia y de la quimera.