viernes, 21 de septiembre de 2012

¿Por qué cerramos los ojos a la verdad?


Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad

Nuestra sociedad está enganchada a un mundo ilusorio. Nos engañamos a nosotros mismos manifestando que evolucionamos pero este argumento es totalmente ficticio.

Desde el comienzo de la humanidad, el hombre apenas ha progresado. Seguimos siendo igual de vacíos, autodestructivos, crueles y ególatras y vivimos anclados en resolver nuestros problemas a través de la ciencia, la tecnología, la política o la jurisdicción pero de esta forma sólo procedemos de forma trivial y nunca conseguimos solventar nuestra realidad. Actuamos igual que un enfermo que ingiere un analgésico para calmar el dolor pero así nunca consigue sanar la enfermedad.

Y es que estamos enfermos, aferrados a una mentira y a un universo irreal del que no queremos despertar, de este modo nos perdemos vivir de verdad. ¡Cuántas veces nuestra mente se ancla a temas frívolos para evitar conectar con nuestro interior! Nos centramos en la apariencia y sólo estamos pendientes del pensamiento superficial de otros sin ocuparnos de nosotros mismos.

Dentro de 100 años nadie se acordará del pago que efectuamos a Hacienda, de la bronca que nos echó el jefe, de la camisa que nos ensuciamos, de la fiesta a la que no logramos asistir o del colegio donde no pudimos apuntar a nuestros hijos.

¿Por qué nos obsesionamos con la apariencia si sólo pasamos por este mundo un breve periodo de tiempo?


Lo peor de todo es que no queremos enfrentarnos a la verdad. Nos educan para ser civiles y galantes pero no sinceros, a no expresar nuestros sentimientos, a ser políticamente correctos aunque nos estemos muriendo por dentro. De esta forma, ¿cómo vamos a mantener relaciones sanas con los demás y con nosotros mismos?

No se trata de contar la verdad para dañar sino de relacionarnos entre nosotros de forma sana. Aunque vivamos en la más simple futilidad y pongamos buena cara cuando no nos apetece, tarde o temprano la verdad siempre sale a la luz. Entonces exclamamos que estamos desconcertados y confusos pero nuestro ser interior sabe que es falso porque desde el principio hemos cerrado los ojos a la realidad creyendo que de esta forma no existiría.

Mahatma Gandhi expresó: “¿Qué es la verdad? Pregunta difícil pero la he resuelto en lo que a mí concierne diciendo que es lo que te dice tu voz interior”.

Cuesta tanto conectar con el dolor interior que lo disfrazamos a través de nuestro ego. Nos gusta identificarnos con objetos y sensaciones externas de tal manera que seguimos siendo una sociedad involucionada aunque exteriormente parezca que hemos progresado enormemente. Únicamente podemos desarrollarnos cuando cambiamos nuestra conciencia. Los problemas nunca son reales pues su fuente se encuentra en nuestra psique.

Para alcanzar la paz interior y la felicidad sólo nos queda transformarnos internamente a través de una mutación de nuestra mente. La percepción de la verdad libera la conciencia de la ignorancia y de la quimera.


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