Decimos que
queremos la verdad y nos enfadamos cuando nos mienten pero en nuestro interior
no deseamos escucharla, la sinceridad nos hace daño y preferimos que nos
regalen los oídos.
¿De dónde
viene esta contradicción?
Ser natural no
gusta, la mayor parte de las personas no quieren oír ideas diferentes a las
propias, prefieren quedarse con los patrones y las tradiciones que sus
ancestros les han enseñado sin plantearse que existe un mundo desconocido,
pleno y placentero fuera. La sola idea de salir de su entorno les produce un
miedo irracional.
De ahí que no nos
interesemos por conceptos distintos y, aunque nuestra situación actual no nos agrade,
salir de nuestra zona de confort nos asusta terriblemente. Aquellos que nos
muestran un resquicio de luz para encontrar la prosperidad, son juzgados y
tachados de herejes.
Acusamos a
otros de radicalidad cuando nos presentan, de forma pacífica, sus sentimientos,
cultura y opiniones tan diferentes a las nuestras. Todo lo que se revela
discordante a nuestra estrechez de mente decidimos tirarlo a la basura sin
plantearnos que, quizá, puede aportarnos placidez.
¿Realmente
queremos la felicidad?
No, si nos está
separa de nuestro pequeño microcosmos. Esta desdicha que sentimos nos la otorga
nuestro limitante guion de vida pero decidimos seguir con él porque nos resulta
más fácil interpretarlo antes que llenarlo de nuevas escenas y personajes
innovadores.
La crisis en
la que nos hayamos sumergidos ha surgido del conflicto interno que tenemos con
nosotros mismos.
Durante
generaciones, unos pocos grupos de poder nos han manejado como marionetas,
sembrando el miedo para que subsistiéramos aleccionados asumiendo sus leyes.
Hoy en día, el
mundo está cambiando a una velocidad feroz. Debido al avance de las nuevas
tecnologías, la información está al alcance de nuestra mano, por ello somos más
difíciles de manipular y los líderes religiosos y políticos han perdido
credibilidad y dominio sobre nosotros.
Muchos nos
estamos alzando para que nuestra voz sea escuchada, con conceptos nuevos y pretendiendo
que la verdad llegue a todos los rincones del planeta.
Aun así, sigue
existiendo un alto sector de la sociedad angustiado por su pavor a lo
desconocido. Prefieren permanecer en la ignorancia y seguir los dictámenes que
otros establecieron durante siglos para que su existencia resulte cómoda, a la
par que amarga.
Lo creamos o
no, toda conducta tiene un beneficio asociado, la queja y el juicio sobre otros
hace que seamos escuchados y compadecidos, siendo la forma más habitual de
reclamar atención.
Nuestra subsistencia
se compone de elecciones, toda alternativa va unida a una pérdida entonces,
¿qué prefieres tú? Quedarte en el confort limitante o salir a un mundo insólito
lleno de posibilidades.



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