miércoles, 22 de agosto de 2012

Alcanzar un sueño: Vivir despierto

Un día a Buda se le aproximó un hombre que no había oído hablar de él, simplemente se sintió atraído porque observó algo diferente en su rostro, lo que le impulsó a preguntarle:
-¿Eres un dios?
-No –Contestó Buda.
¿Qué eres entonces? ¿Un mago? ¿Un hechicero? ¿Un brujo?
-No.
-¿Eres una especie de ser celestial? ¿Un ángel tal vez?
-No –Repitió Buda.
-Bueno, pues entonces, ¿qué eres?
-Soy un hombre despierto.

¿Por qué empiezo mi relato con esta historia? Muchos pensaréis que cuando no dormimos, estamos despiertos.
No es cierto. La mayoría de las personas viven “dormidas” y pasan su existencia actuando de forma mecánica, dando vueltas alrededor de un laberinto sin saber dónde están ni adónde dirigirse.
En realidad, caminar por este mundo puede resultarnos algo costoso cuando no miramos a la Vida a la cara y nos anclamos en problemas banales, sin darnos cuenta que tenemos un pequeño plazo de tiempo para disfrutar y que en breve habremos caducado.
¿Cómo podemos despertar?
Es fácil y difícil a la vez. Fácil de explicar pero difícil de ejecutar si no le ponemos conciencia.
Para ponerlo en práctica y alcanzar la paz interior es muy importante tener conocimiento de un principio fundamental: La impermanencia. Nada dura para siempre, la Vida se compone de ciclos, unos nos resultan positivos y otros negativos. Hay fases de esplendor donde la fortuna viene a nosotros y otras de desilusión en las que los acontecimientos son contradictorios pero debemos aceptarlos para dejarlos marchar, de estar forma podrán surgir otros nuevos y se producirá la transformación.
No resulta beneficioso, aunque es algo muy recurrente, apegarse y resistirse, negándonos a seguir el flujo de la Vida y causándonos sufrimiento. La disolución es obligada para que se produzca un nuevo crecimiento.
En nuestra sociedad siempre ha estado anclado el pensamiento de búsqueda de la seguridad, por ejemplo: Se fomentaba la idea de tener un trabajo fijo en el que pasáramos toda nuestra Vida aunque no nos gustase, de esta forma alcanzábamos una protección que, aunque no nos satisficiera, nos proporcionaba tranquilidad. Hace 30 años, la mayoría lograban este resguardo ficticio.
Por suerte, algo que siempre he sabido es que la seguridad no existe, nunca seguí este estandarte social motivada por mi vocación, el desarrollarme en el periodismo me hacía elegir entre encontrar el amparo de un “trabajo fijo” o confiar en que yo soy mi producto y mi empresa y tendría que habitar en la inseguridad laboral de los medios de comunicación.
Hoy en día la inestabilidad, que siempre ha estado presente de forma encubierta a través de la historia, está totalmente manifiesta en nuestro mundo por el momento que estamos atravesando. Todos los estratos sociales son conocedores de que ningún empleo o contrato es para siempre, lo que les hace vivir en el miedo.
Si seguimos sumergidos en una crisis es porque el miedo nos está paralizando, nos ha hecho perder la confianza en nuestra sociedad y sobre todo, en nosotros mismos. La esperanza y la ilusión simplemente nos las podemos procurar nosotros mismos, nunca un elemento externo.
Sólo si aceptamos la impermeabilidad de la Vida, nos centramos en el presente y nuestra mente no viaja al pasado (culpa, añoranza) o al futuro (miedo, expectativas), seguiremos a nuestros deseos, eliminaremos las resistencias internas, hallaremos esa paz interior que tanto anhelamos y conseguiremos vivir despiertos.

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